Por José Manuel Guzmán, CEO de Grupo M

La posición que ocupan las personas mayores dentro de una sociedad define con claridad la calidad de su proyecto colectivo, así como la profundidad de su mirada hacia el futuro. Lejos de cualquier interpretación limitada, su papel trasciende la esfera asistencial para situarse en el núcleo mismo de la continuidad social, donde la experiencia acumulada se transforma en conocimiento compartido y en una guía imprescindible para las generaciones que avanzan.

El progreso auténtico se construye mediante la combinación equilibrada de innovación y memoria, de impulso creativo y aprendizaje sedimentado. En ese diálogo constante entre pasado y presente, las personas mayores actúan como transmisoras de un saber que no se encuentra en manuales ni en repositorios digitales, sino en la práctica vital, en la resolución de conflictos, en la adaptación a contextos cambiantes y en la comprensión profunda de los procesos que articulan la vida en comunidad. Su contribución configura un patrimonio intangible de enorme valor, capaz de aportar estabilidad, criterio y sentido a un entorno cada vez más dinámico.

José Manuel Guzmán, CEO de Grupo M

La transmisión intergeneracional constituye, en este sentido, uno de los mecanismos más eficaces para reforzar la cohesión social. A través de ella se consolidan los vínculos, se enriquecen las perspectivas y se genera un espacio de aprendizaje mutuo que fortalece tanto a quienes enseñan como a quienes reciben ese conocimiento. Cada historia compartida, cada técnica preservada y cada experiencia relatada contribuyen a tejer un entramado colectivo más sólido, en el que la identidad común se mantiene viva y en constante evolución.

La política social orientada a las personas mayores adquiere así una dimensión estratégica que invita a un planteamiento ambicioso, sostenido y coherente con la relevancia de este colectivo. El refuerzo de la financiación y la intensificación de los servicios no responde únicamente a una necesidad operativa, sino a una visión de largo alcance que reconoce el valor estructural de quienes han contribuido de forma decisiva al desarrollo social y económico. Una red de atención robusta, bien dotada y adaptada a las distintas realidades favorece la autonomía, impulsa la participación activa y abre espacios donde la experiencia encuentra nuevas formas de expresión.

El diseño de estos servicios requiere, además, una orientación que integre el acompañamiento con la activación, la atención con la participación y el cuidado con la generación de oportunidades. Desde esta perspectiva, las personas mayores se incorporan plenamente al tejido social como agentes que aportan conocimiento, criterio y estabilidad, contribuyendo a enriquecer los procesos colectivos y a fortalecer la estructura comunitaria.

La apuesta por este modelo refleja una concepción madura de la sociedad, en la que el desarrollo se entiende como un proceso inclusivo, capaz de integrar todas las etapas de la vida en un proyecto común. Reconocer, potenciar y acompañar la labor de las personas mayores como transmisoras y guardianas de la memoria colectiva representa, en definitiva, una forma de consolidar el presente y de proyectar el futuro con mayor solidez, profundidad y coherencia.

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