El Cabildo ha anunciado la elaboración del primer Marco Estratégico Insular de Prevención y Promoción de la Salud, que deberá identificar programas, recursos, necesidades y prioridades en los municipios.

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Un equipo vinculado a la Universidad de La Laguna trabajará sobre salud mental, adicciones, obesidad, sedentarismo, hábitos saludables e infecciones de transmisión sexual, con indicadores para evaluar posteriormente las actuaciones.

Tenerife ha comenzado a definir una hoja de ruta insular con la que pretende ordenar las políticas de prevención y promoción de la salud que desarrollan administraciones, servicios y entidades en el territorio. El Cabildo ha anunciado la elaboración del Marco Estratégico Insular para la Prevención y Promoción en Materia de Salud, MEP, un documento que deberá analizar qué programas existen actualmente, localizar necesidades todavía pendientes y establecer prioridades comunes para las futuras intervenciones en ámbitos como salud mental, adicciones, sedentarismo, obesidad, hábitos saludables e infecciones de transmisión sexual.

La elaboración recaerá en un equipo investigador vinculado a la Universidad de La Laguna y a su Fundación General, con especialistas de diferentes áreas de conocimiento y coordinación de la Consejería Delegada de Educación para la Prevención del Cabildo. El proceso combinará revisión documental y científica con participación de administraciones y entidades a través de la Mesa Insular y del denominado Grupo Motor, de forma que el diagnóstico incorpore tanto los datos disponibles como la experiencia acumulada por quienes ya desarrollan programas preventivos en Tenerife.

El objetivo inmediato consiste, por tanto, menos en crear una sucesión de nuevas actividades que en conocer primero qué se está haciendo, dónde, para quién y con qué resultados, detectar duplicidades o territorios insuficientemente atendidos y disponer después de criterios comunes para decidir qué intervenciones conviene mantener, reforzar o introducir.

Mapa

El MEP deberá funcionar inicialmente como un mapa de recursos y necesidades. El documento final incorporará un análisis de la realidad insular, la identificación de prioridades, la relación con otros planes vigentes, propuestas de líneas estratégicas, recomendaciones e indicadores de seguimiento.

Esta última pieza resulta especialmente relevante. Una política preventiva puede acumular campañas, talleres y acciones durante años sin que el número de actividades permita conocer por sí solo su incidencia. Introducir indicadores obliga a determinar de antemano qué cambio se pretende conseguir y qué información permitirá comprobar posteriormente si se ha producido.

El consejero delegado de Educación para la Prevención, Juan Acosta, ha situado precisamente la coordinación municipal entre las principales finalidades del futuro marco. El MEP, ha señalado, “será el documento que unifique las bases para que todos los municipios trabajemos en el mismo sentido, aunemos fuerzas y mejoremos la prevención en la Isla”.

El reto reside en construir esa referencia común sin convertirla en una estrategia paralela a las competencias sanitarias autonómicas. El MEP tendrá carácter insular y preventivo y deberá coordinarse con la planificación del Servicio Canario de la Salud, que ya dispone de instrumentos propios para el conjunto del Archipiélago.

Canarias

El nuevo marco parte, de hecho, de un escenario autonómico que ha avanzado de forma significativa durante el último año.

Canarias cuenta con un Plan de Salud 2026-2031, aprobado mediante el Decreto 31/2026, que sitúa entre sus cinco grandes bloques la promoción y protección de la salud y la prevención de la enfermedad. El documento se construye sobre dos ejes generales, mejora de los resultados en salud y salud en todas las políticas, e incorpora además envejecimiento saludable, cronicidad, intersectorialidad y perspectiva transversal.

A ese instrumento se suma la Estrategia de Promoción de la Salud y el Bienestar en Canarias 2025-2032, que plantea una actuación durante todo el ciclo vital y organiza sus intervenciones alrededor de alimentación, actividad física, tabaco, alcohol y bienestar mental, junto con salud afectivo-sexual, descanso, salud oral, uso responsable de tecnologías y creación de entornos seguros.

La estrategia autonómica establece además cinco principios operativos especialmente próximos al planteamiento del futuro MEP tinerfeño, entre ellos la intersectorialidad, la participación comunitaria, la vigilancia de riesgos emergentes y la utilización de evidencia, evaluación y datos abiertos.

El marco insular deberá, por ello, traducir esas orientaciones generales a la realidad concreta de Tenerife, donde las necesidades y recursos presentan diferencias entre municipios metropolitanos, turísticos, rurales y envejecidos.

Riesgos

El punto de partida tampoco se limita a una concepción clásica de la prevención centrada en evitar determinadas enfermedades.

El Servicio Canario de la Salud señala en su diagnóstico de promoción del bienestar que la actividad física continúa siendo insuficiente en todos los grupos de edad y que el sedentarismo ha aumentado, mientras el vapeo gana presencia especialmente entre adolescentes y el consumo de alcohol continúa ampliamente normalizado. En salud mental, la estrategia autonómica indica que uno de cada cuatro adultos presenta riesgo de problemas emocionales, con especial incidencia entre jóvenes y personas mayores.

A ello se suman factores relacionados con sexualidad, descanso, pantallas, desigualdades socioeconómicas y características del entorno. El planteamiento autonómico abandona así una visión basada exclusivamente en pedir a cada persona que modifique su comportamiento y concede mayor importancia a los lugares donde vive, estudia, trabaja y envejece.

Ese enfoque ofrece una referencia directa para Tenerife. El futuro MEP tendrá que decidir cómo convertir problemas muy amplios en prioridades operativas, qué grupos requieren intervenciones específicas y qué administraciones deben asumir cada parte.

Competencias

La creación del marco se produce también después de que el Cabildo haya reforzado institucionalmente su estructura dedicada a esta materia.

La Consejería Delegada de Educación para la Prevención tiene asignadas competencias insulares relacionadas con la prevención de tecnoadicciones, tabaquismo y drogodependencias, sedentarismo, obesidad, trastornos de salud mental e infecciones de transmisión sexual, además de la participación en estrategias y acciones de otras administraciones destinadas a promover hábitos saludables.

La misma organización insular contempla un Grupo Motor de salud mental y hábitos de vida saludable como instrumento de cooperación entre instituciones, con participación permanente del Servicio Canario de la Salud y del Cabildo y posibilidad de incorporar a otros agentes. Su finalidad formal incluye diseñar y asesorar actuaciones coordinadas, multidisciplinares, evaluadas y basadas en criterios científicos.

El MEP proporcionará ahora un marco más amplio desde el que ordenar esa actividad y relacionarla con otras iniciativas existentes.

FARO

Una de ellas es FARO, el programa desarrollado conjuntamente por el Cabildo, la Universidad de La Laguna y su Fundación General para trabajar en prevención y promoción de la salud mental y el bienestar.

A comienzos de 2026, la ULL informaba de que FARO se había extendido ya a nueve municipios, había alcanzado a unas 10.000 personas y acumulaba alrededor de un millar de acciones preventivas después de diez meses de funcionamiento. El proyecto había ampliado además sus contenidos hacia estilos de vida saludable y educación afectivo-sexual.

La universidad precisaba entonces una cuestión importante para interpretar este tipo de intervenciones. FARO desarrolla prevención, no tratamiento terapéutico, aunque sus actividades puedan facilitar la detección de casos que requieren una atención de mayor intensidad y posterior derivación a los recursos correspondientes.

Experiencias como esta ilustran una de las tareas que deberá afrontar el nuevo marco. Tenerife parte de proyectos ya desplegados, por lo que el documento tendrá que conocer su cobertura, analizar qué colectivos alcanzan y determinar cómo encajan con actuaciones municipales, autonómicas y del tercer sector.

Territorio

La escala insular puede aportar especialmente una visión territorial que resulta difícil obtener cuando cada actuación se analiza de manera independiente.

Una campaña sobre obesidad infantil puede estar bien implantada en determinadas localidades y apenas desarrollada en otras. Un municipio puede contar con asociaciones y proyectos consolidados sobre adicciones mientras otro depende principalmente de recursos supramunicipales. Los programas de envejecimiento saludable presentan a su vez necesidades diferentes en zonas con mayor concentración de personas mayores, y las actuaciones dirigidas a población juvenil deben adaptarse también a la oferta educativa y comunitaria de cada entorno.

Identificar esas diferencias es una condición previa para que la coordinación produzca algo más que reuniones entre instituciones. El valor práctico del MEP dependerá de localizar coberturas, vacíos y desigualdades territoriales y relacionarlos con población, recursos existentes y necesidades detectadas.

La metodología participativa anunciada busca incorporar precisamente el conocimiento de las entidades que trabajan sobre el terreno y evitar que el documento dependa únicamente de fuentes estadísticas o bibliográficas.

Etapas

Otro de los elementos que deberá trasladarse al nivel insular es la perspectiva de ciclo vital.

La estrategia autonómica diferencia infancia y adolescencia, población adulta y mayores de 55 años, porque los factores de riesgo, los espacios en los que intervenir y los instrumentos preventivos cambian de forma notable con la edad.

En niños y adolescentes adquieren especial importancia la alimentación, la actividad física, el uso de tecnologías, el vapeo, la salud mental y la educación afectivo-sexual. Durante la vida adulta se incorporan los entornos laborales y la prevención de enfermedades asociadas a estilos de vida, mientras en edades más avanzadas aparecen con mayor peso autonomía, fragilidad, prevención de caídas, relaciones sociales y envejecimiento saludable.

La prevención necesita de este modo combinar mensajes generales con actuaciones adaptadas. Un mismo objetivo, aumentar la actividad física, exige instrumentos diferentes para un adolescente, una persona que trabaja durante ocho horas sentada y alguien de 80 años con riesgo de fragilidad.anunciado la elaboración del primer Marco Estratégico Insular de Prevención y Promoción de la Salud, que deberá identificar programas, recursos, necesidades y prioridades en los municipios. Un equipo vinculado a la Universidad de La Laguna trabajará sobre salud mental, adicciones, obesidad, sedentarismo, hábitos saludables e infecciones de transmisión sexual, con indicadores para evaluar posteriormente las actuaciones.

Tenerife ha comenzado a definir una hoja de ruta insular con la que pretende ordenar las políticas de prevención y promoción de la salud que desarrollan administraciones, servicios y entidades en el territorio. El Cabildo ha anunciado la elaboración del Marco Estratégico Insular para la Prevención y Promoción en Materia de Salud, MEP, un documento que deberá analizar qué programas existen actualmente, localizar necesidades todavía pendientes y establecer prioridades comunes para las futuras intervenciones en ámbitos como salud mental, adicciones, sedentarismo, obesidad, hábitos saludables e infecciones de transmisión sexual.

La elaboración recaerá en un equipo investigador vinculado a la Universidad de La Laguna y a su Fundación General, con especialistas de diferentes áreas de conocimiento y coordinación de la Consejería Delegada de Educación para la Prevención del Cabildo. El proceso combinará revisión documental y científica con participación de administraciones y entidades a través de la Mesa Insular y del denominado Grupo Motor, de forma que el diagnóstico incorpore tanto los datos disponibles como la experiencia acumulada por quienes ya desarrollan programas preventivos en Tenerife.

El objetivo inmediato consiste, por tanto, menos en crear una sucesión de nuevas actividades que en conocer primero qué se está haciendo, dónde, para quién y con qué resultados, detectar duplicidades o territorios insuficientemente atendidos y disponer después de criterios comunes para decidir qué intervenciones conviene mantener, reforzar o introducir.

Mapa

El MEP deberá funcionar inicialmente como un mapa de recursos y necesidades. El documento final incorporará un análisis de la realidad insular, la identificación de prioridades, la relación con otros planes vigentes, propuestas de líneas estratégicas, recomendaciones e indicadores de seguimiento.

Esta última pieza resulta especialmente relevante. Una política preventiva puede acumular campañas, talleres y acciones durante años sin que el número de actividades permita conocer por sí solo su incidencia. Introducir indicadores obliga a determinar de antemano qué cambio se pretende conseguir y qué información permitirá comprobar posteriormente si se ha producido.

El consejero delegado de Educación para la Prevención, Juan Acosta, ha situado precisamente la coordinación municipal entre las principales finalidades del futuro marco. El MEP, ha señalado, “será el documento que unifique las bases para que todos los municipios trabajemos en el mismo sentido, aunemos fuerzas y mejoremos la prevención en la Isla”.

El reto reside en construir esa referencia común sin convertirla en una estrategia paralela a las competencias sanitarias autonómicas. El MEP tendrá carácter insular y preventivo y deberá coordinarse con la planificación del Servicio Canario de la Salud, que ya dispone de instrumentos propios para el conjunto del Archipiélago.

Canarias

El nuevo marco parte, de hecho, de un escenario autonómico que ha avanzado de forma significativa durante el último año.

Canarias cuenta con un Plan de Salud 2026-2031, aprobado mediante el Decreto 31/2026, que sitúa entre sus cinco grandes bloques la promoción y protección de la salud y la prevención de la enfermedad. El documento se construye sobre dos ejes generales, mejora de los resultados en salud y salud en todas las políticas, e incorpora además envejecimiento saludable, cronicidad, intersectorialidad y perspectiva transversal.

A ese instrumento se suma la Estrategia de Promoción de la Salud y el Bienestar en Canarias 2025-2032, que plantea una actuación durante todo el ciclo vital y organiza sus intervenciones alrededor de alimentación, actividad física, tabaco, alcohol y bienestar mental, junto con salud afectivo-sexual, descanso, salud oral, uso responsable de tecnologías y creación de entornos seguros.

La estrategia autonómica establece además cinco principios operativos especialmente próximos al planteamiento del futuro MEP tinerfeño, entre ellos la intersectorialidad, la participación comunitaria, la vigilancia de riesgos emergentes y la utilización de evidencia, evaluación y datos abiertos.

El marco insular deberá, por ello, traducir esas orientaciones generales a la realidad concreta de Tenerife, donde las necesidades y recursos presentan diferencias entre municipios metropolitanos, turísticos, rurales y envejecidos.

Riesgos

El punto de partida tampoco se limita a una concepción clásica de la prevención centrada en evitar determinadas enfermedades.

El Servicio Canario de la Salud señala en su diagnóstico de promoción del bienestar que la actividad física continúa siendo insuficiente en todos los grupos de edad y que el sedentarismo ha aumentado, mientras el vapeo gana presencia especialmente entre adolescentes y el consumo de alcohol continúa ampliamente normalizado. En salud mental, la estrategia autonómica indica que uno de cada cuatro adultos presenta riesgo de problemas emocionales, con especial incidencia entre jóvenes y personas mayores.

A ello se suman factores relacionados con sexualidad, descanso, pantallas, desigualdades socioeconómicas y características del entorno. El planteamiento autonómico abandona así una visión basada exclusivamente en pedir a cada persona que modifique su comportamiento y concede mayor importancia a los lugares donde vive, estudia, trabaja y envejece.

Ese enfoque ofrece una referencia directa para Tenerife. El futuro MEP tendrá que decidir cómo convertir problemas muy amplios en prioridades operativas, qué grupos requieren intervenciones específicas y qué administraciones deben asumir cada parte.

Competencias

La creación del marco se produce también después de que el Cabildo haya reforzado institucionalmente su estructura dedicada a esta materia.

La Consejería Delegada de Educación para la Prevención tiene asignadas competencias insulares relacionadas con la prevención de tecnoadicciones, tabaquismo y drogodependencias, sedentarismo, obesidad, trastornos de salud mental e infecciones de transmisión sexual, además de la participación en estrategias y acciones de otras administraciones destinadas a promover hábitos saludables.

La misma organización insular contempla un Grupo Motor de salud mental y hábitos de vida saludable como instrumento de cooperación entre instituciones, con participación permanente del Servicio Canario de la Salud y del Cabildo y posibilidad de incorporar a otros agentes. Su finalidad formal incluye diseñar y asesorar actuaciones coordinadas, multidisciplinares, evaluadas y basadas en criterios científicos.

El MEP proporcionará ahora un marco más amplio desde el que ordenar esa actividad y relacionarla con otras iniciativas existentes.

FARO

Una de ellas es FARO, el programa desarrollado conjuntamente por el Cabildo, la Universidad de La Laguna y su Fundación General para trabajar en prevención y promoción de la salud mental y el bienestar.

A comienzos de 2026, la ULL informaba de que FARO se había extendido ya a nueve municipios, había alcanzado a unas 10.000 personas y acumulaba alrededor de un millar de acciones preventivas después de diez meses de funcionamiento. El proyecto había ampliado además sus contenidos hacia estilos de vida saludable y educación afectivo-sexual.

La universidad precisaba entonces una cuestión importante para interpretar este tipo de intervenciones. FARO desarrolla prevención, no tratamiento terapéutico, aunque sus actividades puedan facilitar la detección de casos que requieren una atención de mayor intensidad y posterior derivación a los recursos correspondientes.

Experiencias como esta ilustran una de las tareas que deberá afrontar el nuevo marco. Tenerife parte de proyectos ya desplegados, por lo que el documento tendrá que conocer su cobertura, analizar qué colectivos alcanzan y determinar cómo encajan con actuaciones municipales, autonómicas y del tercer sector.

Territorio

La escala insular puede aportar especialmente una visión territorial que resulta difícil obtener cuando cada actuación se analiza de manera independiente.

Una campaña sobre obesidad infantil puede estar bien implantada en determinadas localidades y apenas desarrollada en otras. Un municipio puede contar con asociaciones y proyectos consolidados sobre adicciones mientras otro depende principalmente de recursos supramunicipales. Los programas de envejecimiento saludable presentan a su vez necesidades diferentes en zonas con mayor concentración de personas mayores, y las actuaciones dirigidas a población juvenil deben adaptarse también a la oferta educativa y comunitaria de cada entorno.

Identificar esas diferencias es una condición previa para que la coordinación produzca algo más que reuniones entre instituciones. El valor práctico del MEP dependerá de localizar coberturas, vacíos y desigualdades territoriales y relacionarlos con población, recursos existentes y necesidades detectadas.

La metodología participativa anunciada busca incorporar precisamente el conocimiento de las entidades que trabajan sobre el terreno y evitar que el documento dependa únicamente de fuentes estadísticas o bibliográficas.

Etapas

Otro de los elementos que deberá trasladarse al nivel insular es la perspectiva de ciclo vital.

La estrategia autonómica diferencia infancia y adolescencia, población adulta y mayores de 55 años, porque los factores de riesgo, los espacios en los que intervenir y los instrumentos preventivos cambian de forma notable con la edad.

En niños y adolescentes adquieren especial importancia la alimentación, la actividad física, el uso de tecnologías, el vapeo, la salud mental y la educación afectivo-sexual. Durante la vida adulta se incorporan los entornos laborales y la prevención de enfermedades asociadas a estilos de vida, mientras en edades más avanzadas aparecen con mayor peso autonomía, fragilidad, prevención de caídas, relaciones sociales y envejecimiento saludable.

La prevención necesita de este modo combinar mensajes generales con actuaciones adaptadas. Un mismo objetivo, aumentar la actividad física, exige instrumentos diferentes para un adolescente, una persona que trabaja durante ocho horas sentada y alguien de 80 años con riesgo de fragilidad.

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